martes, 30 de septiembre de 2008

Restos en el Tiempo



Por Federico Iriarte A. (Mayo 2003)
“La búsqueda de la verdad yace en la mente de cada uno.
Mientras más se busca más se confunde” (Faya, 2003)

Restos de algún tipo de civilización, paredes derruidas por el tiempo símbolos que no podía identificar, caminos rotos por la vegetación que clama su terreno, huellas de seres que alguna vez fueron importantes en el ciclo de la vida. Solo restos de una civilización perdida, que la arena, el viento, el mar y la lluvia trataban de borrar.

¿Como llegué allí?, no era lo que buscaba, fue casualidad, destino, azar lo que quieran definir, solo lo encontré. Mi búsqueda era de otra clase, los restos que buscaba estaban dentro de mi mente, mis recuerdos, la culpa de lo hecho, era otra búsqueda y eran otros restos. Sin embargo, como pueden suponer tenía esas columnas dóricas semi derruidas, esos palacetes casi hundidos en la playa y los manglares cubriéndolo todo ante mi y todo cambio.

¿Que como llegue aquí? Es largo de contar pero si tienen paciencia –

Desde hacía 200 años recorría una vez al año una parte de la costa, adicionando cada año un poco más de distancia a la costumbre que comenzará desde un lugar llamado el “Charco” a Huanchaco, allá en lo que una vez fue llamado Perú. Nombre que todavía queda registrado en la memoria de los pocos hombres y mujeres que se atrevieron a quedar en la Tierra, los otros habían buscado el reto de la vida y las seguridad de la existencia en las estrellas, dejando el mundo a los pocos que podían resistir una de las peores plagas que le tocara a la humanidad – La enfermedad Lamsea.

Al principio me sorprendí ver escalinatas de color arena, sin embargo mi sorpresa aumento al percatarme que realmente eran de roca cristalizada o algo parecido, su transparencia permitía ver la arena por debajo de ella. La ciudad o lo que fuera una ciudad no parecía reciente, sin embargo me daba la sensación de que no era parte de la humanidad conocida. Detalles como marcos de metal que semejaba madera, piedras que no lo eran. Al tacto eran totalmente pulidas, mi hipótesis inicial era efecto de las olas, pero eso implicaba un periodo mayor de miles de años. Observé con cuidado el lado opuesto de la pared opuesta al mar tenia la misma característica, - una superficie demasiado perfecta a mi parecer -. La tecnología humana había avanzado bastante para llegar a ese nivel de calidad en un edificio, sin embargo esto parecía tan viejo que no encajaba como una construcción moderna.

Revisé los datos en mi computadora personal[1], después de 5 minutos una voz suave respondió que no había registros de restos arqueológicos en la zona, proyectando un reporte georeferencial holográfico de los restos arqueológicos cercanos a la zona. - Me comenzó a intrigar cada vez más esta ciudad que ante las imágenes IR y de radar de los satélites era invisible, indetectable, que adicionalmente nadie había registrado antes. Mi padre hubiera estado encantado de revisarla, de solo verla - .

Eran casi las 7 de la mañana y tenia hambre así que me dedique a pescar algo para el desayuno y deje una placa de calor calentando un poco de agua, mientras buscó la zona más profunda de la bahía en donde me encontraba, les contare que comencé mi recorrido anual hacia 2 día, cerca del paralelo 6ºS y por primera vez solo.

Mi viaje era solo por manía, no había plan trazado solo llegar a Huanchaco, mirando el mar y los alrededores, viendo la vida que volaba, que se arrastraba y que saltaba aquí y allá. Mientras buscaba en mi interior las últimas palabras de mi amada allá en el tiempo. - Te amo – me dijo, cuando cerraba sus ojos y me dejaba, su alma rebelde, constante y preocupada me ayudó a superar la inercia que llevaba mi vida allá en el comienzo del siglo 21. Siglo que desde el inicio prometía grandes cambios, El proyecto Genoma comenzaba a dar resultados, uno de ellos fue la prolongación de la vida más allá de los 200 años. Mi memoria buscaba los restos inmortales de ella en mi mente, mientras me complacía de oler el mar, sentir la brisa y las gotas saladas en mi rostro, sentía además su mano junto a la mía, como si su alma me acompañara en lo que le parecía una caminata sin sentido.

- Un momento, allí veo un par de ojos. Si parece una magnifica pieza…, ah, por fin pesqué un excelente lenguado. Después del desayuno, que les cuento: un rico café y un lenguado frito el día se presentaba de otra manera, ya no se sentía las gotas de agua que la brisa matutina elevaba en la playa, ni el solaz del hambre en el estomago ¡Vamos a curiosear entre las ruinas de allá adelante!.

La luz del sol bañaba las paredes y el piso de cristal desparramándose entre ellas sin dejar reflejo mayor que el natural de la arena y de los mangles. Un análisis espectofotométrico de uno de los satélites meteorológicos me permitió confirmar que solo captaban la longitud de onda de la arena y de los árboles alrededor, - interesante pensé- . Los datos de altimetría tampoco registraban alguna anomalía, como si no existiera edificación alguna. Comenzaba a dudar inclusive de mis sentidos.

Revisé los datos históricos, no había registros de algún tipo. Pedí un informe sismográfico de la zona en los últimos 300 años (bueno los únicos que teníamos), el resto no eran tan confiables. Solo un dato significativo allá por el año 1970 un terremoto de grado 7 había desolado la parte central de la cordillera de los andes, dejando miles de muertos, el centro del sismo fue en la placa de Nazca, sin embargo había un ruido sísmico que nadie se preocupo en estudiar en la zona norte del entonces llamado Perú, actualmente parte del Parque Panamericano que cubría casi toda Sur América.

Mientras solicitaba un análisis estadístico del ruido existente de ese terremoto, me dedique a mirar las olas que escribían códigos fractales en la playa, el sonar del mar calmaba mi alma y sosegaba mi perdida. El tiempo haría pasar el dolor de su pérdida- eso espero-

Me limpie la arena de las manos mientras me levantaba, tenía un reto arqueológico ante mis ojos. ¿Quienes fueron?, - Papa. Como me gustaría que estuvieras aquí - . Te seguiría como cuando era niño, caminando detrás tuyo recogiendo pedazos de cerámica mientras tu hablabas con la gente del pueblo y explicabas lo que podía ser ese pequeño fragmento del pasado, me gustaría jalarte de nuevo tu camisa y entregarte el pedazo de arcilla quemada que encontrara, y tu sonriente mirabas y decías es chavinoide, es wari, es nazca, dependiendo de la forma y tintes del fragmento y de donde estábamos. Pero bueno, intentaré describirte lo que veo, espero ser tan bueno como tú en tus cuadernos de campo


Camine por los alrededores comencé paulatinamente a acercarme al centro y luego a la pirámide triangular donde se podía apreciar una entrada pequeña en su estructura incólume en el tiempo. Trate de captar algo de su interior pero al parecer ninguna luz entraba. Lance algunas ondas sónicas[2] para tratar de visualizar su interior pero esta no pasaron del borde externo, parecía que las absorbiera.

Rompí la inercia de admiración y camine hacia lo que creía era la estructura de gobierno de la zona. Al ingresar solo aprecie una oscuridad que era rota por el brillo la linterna. Estaba en una rampa inclinada hacia abajo, no aprecie nada excepto paredes oscuras sin color mientras me adentraba más y mas en el recinto, no era de mucha utilidad la luz de la linterna al parecer moría a menos de 1 metro. Habré caminado por 5 minutos, decidí pararme y regresar porque no había nada que ver, solicite datos al computador, sin embargo solo silencio obtuve, - en verdad tuve algo de miedo -, algo pasaba. La luz de la linterna me parecía que se extinguía poco a poco, esto era algo extraño pues eran de baterías casi eternas, inclusive servían de cargador para la computadora si fuera necesario. Las cosas se ponían difíciles. Comencé a retroceder gateando, sin embargo resbale y la linterna se me escapo de las manos, era obvio decir que mejor la hubiera dejado, pero no hice eso. Trate de no perderla y me golpee de algún modo con la pared – verdaderamente no me imaginaba que estuviera tan cerca – Aproveche la oportunidad y seguí al tacto el brillo de la linterna, que estaría a unos 2 metros allá abajo. ¿Cuantos metros por debajo de la superficie?, estimo unos 20 metros, la rampa no tendría más de 10º de inclinación. Pude recoger la linterna, pero a la izquierda se apreciaba un brillo rojo muy leve en los bordes de la pared, ya no había inclinación era un camino plano, al final una puerta cristalina se abrió como un iris, dejándome ver un cuarto con luz mortecina entre violeta y azul que contenía varios controles que titilaban lentamente.

Estaba muy intrigado, parecía película vieja los hechos no eran corrientes. Creo que comencé a pensar en que todo era efectos del lenguado, me había caído mal y estaba alucinando. Ingrese al recinto, el cual se ilumino algo más y comenzaron a activarse algunas pantallas, que mostraban un complejo movimiento de iconos.

Después de intentar reactivar mi computadora, y revisa con detalle los gráficos de una pantalla que, parecía un plan de vuelo espacial, me dirigí al otro extremo de la cámara donde había otra puerta. Se abrió del mismo modo que la anterior. Para mi sorpresa lo que vi afuera era imposible, era otro mundo o otro tiempo, el cielo se mostraba azul y las aves eran demasiado grandes a mi parecer. El iris se cerró, me dejo tratando de entender que estaba viendo. ¿Era acaso una maquina de desplazamiento espacial o temporal o ambas donde estaba?

El iris se volvió a abrir, esta vez estaba sobre el mar y algunos animales marinos se acercaban a una velocidad asombrosa, algunos saltaron hacia donde estaba como si nos pudieran ver. Sentí sus fauces encima, me tire al suelo dentro de la cámara, mientras el iris se volvía a cerrar.

Retrocedí a los paneles y pantallas, para tratar de entender algo más. – Mi computadora no servía y maldije en voz alta – De pronto como si todo se detuviera, las luces cambiaron de color, las pantallas comenzaron a simbolizar datos en castellano – fabuloso dije – Por fin podré entender algo, di algunas ordenes y el sistema de computadoras del lugar respondía en la pantalla.

Las respuestas me dejaron sin habla, era una máquina dejada por una raza humanoide del futuro que agradecidos por que en ese futuro, mis estudios les sirvieron de base para conseguir el remedio para la plaga Lamsee que había llegado a su mundo. Me indicaban que tenía la oportunidad de viajar en el tiempo y en el espacio con esa nave. Que en el futuro no podía hacer el viaje por mi avanzada edad (casi 214 año), sin embargo la enviaron a mi pasado, especialmente sabiendo cual era mi ruta de viaje y dejaron este regalo, solo podía ser empleado dos veces una de ida y una de regreso por una persona, esto era para no romper el equilibrio temporal. No quise teorizar sobre los conflictos existentes de este viaje. ¿Qué debía hacer?

Busqué a mis padres en el pasado, le quería mostrar este mundo por un tiempo. Quería que viera el flujo del tiempo. Pero lo que realmente quería era abrazarlos tenerlos conmigo un tiempo. Porque yo soy el resto de su tiempo, no así los restos tecnológicos del hombre.

[1] En el año 2010 las computadas portátiles eran parte inherente de la vestimenta y se manejaban por comando de voz -, incluía entre funciones de: videófono, receptor satelital, analizador espectométrico, sensor atmosférico y un registrador médico, entre otros.
[2] Un artilugio algo reciente era el lapicero radio.-permitía captar y enviar ultrasonido, muy útil contra insectos y otro tipo de alimañas. También se podía emplear como radar en noches muy cerradas obviamente conectado al computador personal.

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viernes, 26 de septiembre de 2008

El golpeteo de las olas

El golpeteo de las olas.

Por Federico Iriarte (Mayo 2001)

Cinco años y aún no me acostumbro al golpeteo constante de las olas con el casco de metal de la embarcación, aún después de llegar molido por la guardia de la noche anterior.

Todavía no abro los ojos pues espero encontrar de nuevo el camino hacia “Morfeo” -¡es imposible!- . Los ruidos comunes me mantienen en vigilia. Decido abrir los ojos que poco a poco sé acostumbran a la oscuridad del cuarto. Despacio me ladeo y observo a mi derecha - los muchachos siguen dormidos - .

Alguien ha abierto la puerta y se siente el viento frío que ingresa, todos se acurrucan a su frazada, que pocos mantenemos limpia.

Era "Talara" quien ahora se encarga de la cocina, pues el "Chino" estaba de rotación. "Talara" era uno de nosotros, uno de tantos que vinieron buscando mejoras salariales, tuvimos que aprender con esfuerzo, tiempo y paciencia el arte de la pesca, la maña al jalar y la costumbre de ser llamados por otro nombre. El nombre con el cual nos bautizaban de nuevo, no era fácil conseguir nombre dependía del tiempo y de los viejos que habían nacido en entre el olor a pescado y el combustible quemado, pero desde el momento que se conseguía el nombre, éramos hombres de mar y aún más éramos pescadores.

Sabía que el descanso duraría poco pero, aún no me acostumbraba al monótono golpeteo de las olas sobre el casco así que me levanté y fui al puente, no sin antes saludar a la "mami", como cariñosamente llamábamos a quien se encargaba de la cocina, sea el "Chino", sea "Talara", sea quien sea, ellos eran la "mami", pues se encargaban de cocinar la comida que necesaria era antes y después de la faena de pesca.

Dejé arreglada mi cama, mientras caminaba entre el va y viene de la embarcación recordé la primera comida que no vomite, era común para los terrenos tener este principio, no era fácil acostumbrarse al movimiento de las olas. Sonreí con el recuerdo de ese primer desayuno no desechado por mi organismo. El sabor sigue en mi boca, era cuy guisado con papas, y una sopa de pollo caliente, - supo a dioses -, desde ese momento era uno de los primeros en pedir el desayuno aún antes que la hora del gallo guiara al sol.

Pasé por la cocina que comenzaba a funcionar, le indique a "Talara" si podía ayudarlo en algo, con una sonrisa franca, dijo que no. - Mientras terminaba de echar azúcar a la olla del té -.

Caminaba tocando las paredes mientras subía las escaleras hacia el puente. "Rojitas" estaba en la caña, mientras "Chingolo" descansaba.

- Compadre ¿cómo vamos?-, pregunté mientras veía las marcas de las otras embarcaciones en el radar. Siempre me fastidiaba el brillo, así que dirigí mi atención al navegador por satélite.

- Bien la lanchada está a 5 millas de nosotros y falta como una hora para llegar a la zona de pesca.- Con una ligera inclinación me indicaba en la dirección Norte.

Recordaba las coordenadas 15º10 de latitud Sur y 77º00 de longitud Oeste. “Diente de oro” nos había dado la información, que el avión alcanzara. Habíamos salido desde Pisco, un largo camino para llegar a la zona de pesca, pero así era. La pesca estaba para algunos pocos, y la navegación y búsqueda del recurso era la mayoría del tiempo. Por ello, era importante embarcarse con los mejores patrones de pesca, ellos sabían buscar y dirigir en la pesca.

- ¿Qué haces despierto, tu turno ya acabó y además no has dormido desde anoche? ¿Té pasa algo? – Rojitas me recordó que estaba aún abordo.

- Nada, "Rojitas" solo que se me fue el sueño, tú sabes.

- Bueno, pero no te quejes cuando tengamos que jalar el trapo.

Sonreí para mí. "El trapo", término interesante y despectivo para llamar aquel gigante de poliamida que es la red, que pesaba cerca de 10 toneladas y medía algo más de 1000 metros de largo por 120 metros de alto. Jalarlo no era tarea fácil, por suerte había nuevos equipos que ayudaban a esto, pero se tenía que ordenar y eso implicaba jalar de 11 a 13 kilos de plomo por braza. La tarea no era fácil y solo los más fuertes y experimentados eran los encargados, el "Negro" era el indicado para ello, aunque muchas veces hosco, por su dificultad al hablar, era uno de los más sinceros compañeros a bordo. El “Negro” y “Caballo” eran los más viejos a bordo, casi todos escuchábamos sus historias en la noches de espera antes de la faena. “Caballo”, me enseño la maña del winche, máquina singular que ayudaba a llevar la red abordo.
El frío se sentía aun detrás de las gruesas ventanas, algunas olas llegaban hasta la sobre caseta, lamiendo las lunas que nos protegían de la inclemencia del tiempo.

Un tumbo hacia adelante otro hacia atrás, un bajo una nueva subida, parecía la ruleta rusa. Aun recuerdo cuando llegué por primera vez, esos va y viene no me permitían mantenerme en pie, pero ahora era otra cosa. Si otro nos viera pensaría que teníamos los pies clavados al piso.

Pocas noches había sentido tanto movimiento en el mar y además íbamos corriente abajo (como comúnmente llamábamos ir hacia el Sur, pues la corriente superficial costera que baña el Perú va de Sur a Norte).

Sonrío, cuando recuerdo a aquel chiquillo que llegara con ánimos de aprender y de conseguir dinero. Como todos dije solo un año y luego sigo estudiando. Ya ven, estoy casi 5 años en esto, no me ha interesado nunca seguir en el escalafón de la pesca, pero he aprendido, se manejar los equipos, conozco de maniobras, pero lo que más me atrae son los fierros. ¿Cómo ese armatoste de metal, puede ser movido, que implica rpm, que significa presión de aceite, porque tanto control en la temperatura del motor? No entendía, sin embargo poco a poco con ayuda de “Calato” el Motorista de la nave fui aprendiendo poco a poco, además algunos consejos de “Cajamarca” del Jefe mecánico de la empresa pude entender algo más.

Dejo por un rato el puente y salgo a mirar el mar hacia el lado de popa, para evitar las olas que golpean aquí y allá. Siento un pequeño escalofrío, pensar que si caigo al agua seria complicado que alguien pueda rescatarme, las olas no lo permitirían demás decir que la distancia a la que estábamos de la costa era imposible que me llegara a salvarme.

Los ruido allá afuera eran mayores, las olas rugían y el barco temblaba, la vibración generaba sonidos diversos uno de ellos me hacia sentir como algo frágil, en medio de la inmensidad de la noche y esa neblina que no permitía ver a los otros barcos en la cercanía. Cierro los ojos mientras respiro el aire frío y cargado de humedad y en eso vuelvo a escuchar ese sonido que me hiciera despertar, las olas golpeando el casco. Otros sonidos se hacen presentes también, el macaco se mueve y golpea con la pluma principal sonando horriblemente. “Caramanchel”, grita ¡”Azul”! - mi nombre de mar – ajusta la maniobra del macaco, mientras aseguro la panga -. Dejo a un lado mis pensamientos y pongo manos a la obra “Caballo” y “Lino” llegan a ayudarme y terminamos rápidamente, sin ninguna palabra. Excepto una frase - con cuidado chico, las olas te pueden llevar entra ya estas azul del frío – “Caballo” me advierte.

Ingreso con paso lento y ayudado por “Lino”, de repente todo se volvió silencio, y vi como los otros me veían como extraños.
- No recuerdo más – Solo que estaba de nuevo en cama, y veía entre sombras a la gallada, algunos movían la boca y los otros fumaban, entendía que algo pasaba pero no tenia fuerzas para levantarme. “Chingolo” bajó un momento y me miró, yo como sonámbulo trate de decirle que no había problema pero sentí la boca como un estropajo y caí inconsciente de nuevo.

De nuevo ese sonido, a lo lejos en mi mente. Un dolor de cabeza en la parte baja me obligo a cerrar los ojos que poco a poco había intentado abrir, juro que me dio pánico, bajo un sudor frío desde la nuca hasta mi espalda. Trate de agudizar mi oído mientras, acercaba mi mano al casco del barco para sentir el frío del mismo. El ruido eran inconsistente, venia por ratos y luego se iba, pero el dolor era persistente, sin embargo creo haber comprendido que era. Alguna vez me indicaron que el sonar producía un haz de sonido que no podíamos captar porque estaba en una frecuencia muy por debajo de nuestro rango de audición, sin embargo podía escucharlo, estaba seguro de ello.

A veces sonaba fuerte otro débil, no entendía el porque pero intentaba averiguarlo, si este dolor desaparecía.

“Talara” se aproximó con un bolo de sopa y me ayudo a tomar algo. Me comento que habían avisado que estaba enfermo y que estábamos de regreso para que me vieran – al parecer había sangrado por la nariz y los ojos- todos estaban preocupados. Un ruido imposible hizo temblar mi cuerpo y se escucho el ruido característico de la actividad previa a la cala.

Al cambiar la ruta habíamos topado con un cardumen bastante grande “Chingolo”, estaba avisando a “Vitucho” y “Periche”, mientras cuadraba la embarcación – El dolor era cada vez peor, latía mi cerebro. – Todos estaban listos –

¡Listos!, listos, repetía “Rojitas” el segundo abordo, ya “Chingolo” había cuadrado el cardumen, ¡arreaaaaaaa! La panga sale disparada, la red cae mientras la embarcación inicia el semicírculo, más parece un ovoide pero allí va, el ruido se intensifica pero de pronto solo quedan los ruidos normales de la gente gritando, para que todo vaya en orden, el winche comienza a trabajar para traer la gareta y cerrar la bolsa.

– Al parecer todo va bien- Intento levantarme pero el solo abrir los ojos aun en la oscuridad del cuarto, pareciera que va explotar mi cerebro. Me aguanto el dolor y logro pararme. Debo trabajar sino no recibiré nada de la pesca. Así es la costumbre a bordo. Logro ponerme la ropa de agua y salir, un frío insoportable golpea mi cuerpo y me hace trastabillar, mientras las olas rompen a babor, empujándome hacia la baranda, casi me caigo por suerte “Talara” estaba de regreso cerca de la cocina y me sostiene.

- ¿Qué haces muchacho? – ¡Estas loco!, estas temblando de fiebre regresa a la cama. Otro bandazo, caigo sobre el pasadizo y mientras el agua tocaba mi rostro sentí de nuevo ese ruido, el ruido de otras embarcaciones acercándose. Le pregunte a “Talara” como fue la pesca – buena chico, todos tendrán una parte sin problemas y regresaremos pronto a puerto – Ya no oí nada mas.

Al llegar a puerto la Embarcación Columba 5, declaro 450 t de pesca y que llevaba un muerto. Nadie entendió ¿que había pasado? ¿Porqué había muerto?, pero todos sintieron la perdida, sin embargo el Jefe de Flota se encargaría de hacer todos los tramites, se debía salir otra vez, ni bien se descargara.

La mañana se levanto del horizonte y el golpeteo de las olas sobre la borda continuo como de costumbre. Sin embargo, algo había cambiado, ninguna embarcación había salido a pescar, la voz se había pasado, cada embarcación que llegaba traía un muerto, en todos los casos era el más joven, lo extraño era que ninguno tenia heridas, todos habían sufrido lo mismo que “Azul” y al final se quedaron dormidos en su camarote.

Era un caso muy llamativo, toda embarcación que llegaba y seguían llegando traía un muerto. El Capitán de puerto no dio más zarpes después del tercero suceso, ya iban 45, se supuso una epidemia, que algo les había caído mal, pero la única coincidencia entre ellos era su edad (entre 20 y 25 años) y que no tenían hermanos.

La gente se amontonaba frente a la Capitanía, el Ministerio de salud envió expertos en epidemias a la zona, los marineros trataban de parar el continuo de padres y madres que llegaban con la cara de dolor y esperando que su hijo no fuera el que estaba en el patio de la capitanía. Los reporteros llegaron, los canales comentaban el hecho, el Presidente iba a decir algo, pero no había ningún indicio del ¿Por qué?

Los médicos habían llegado y comenzaban a hacer algunos análisis, pero todo era normal, además de estar azules una característica de muerte por helada, algo imposible en el sub-trópico donde estábamos, no había ninguna causa biológica para el hecho.

La noticia era más alarmante en todos los puertos del país llegaban las naves con una persona muerta, sean embarcaciones pesqueras o navieras.

Solo los más viejos sabían el porque, y ellos los sabían por historias orales que sus padres y los padres de sus padres les habían contado. Era día de luna roja, luna que cada 100 años ocurría, según las leyendas Pachacamac pedía sangre joven y no la había recibido en más de de 3 siglo. ¿Acaso era un castigo de un viejo Dios?

San Pedrito y el Cristo de Pachacamilla salieron a la mar aún cuando no era su fecha, para calmar al olvidado dios, pero ya los jóvenes habían dejado su alma y el mar calmado su sed.

Los pescadores siguieron su rutina pero algo había pasado ya “Azul” no estaba aquí, ya los padres no dejaban a sus hijos únicos embarcarse, ya los patrones comenzaban a ver el horizonte con otros ojos, ya el cambio se había generado, o talvez ¿había regresado?
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