sábado, 11 de octubre de 2008

Oscuro


Faya (1995)

El bullicio de la calle espantaba la tranquilidad de mi sueño. ¿que hora era?, pregunta entre ojos semi abiertos, las pestañas pesaban y no querían levantarse. Levante la mano para girar el reloj.

Para mi sorpresa no habían pasado ni 3 horas desde que me tumbe en la cama.

Mi consiente regresaba pausadamente. ¿que había hecho ayer? o mas bien hace 5 horas.... No podía recordarlo...

Sin embargo estaba allí con mis ojos sin poder abrir y mi mente despierta, veía imágenes intercaladas de oscuridad.

Por fin decidí levantarme e ir a comer algo. Stani seguía dormida, su desnudez me hizo sonreír, por un momento. Sin embargo, aquella mancha oscura en su espalda no era muy alentadora, poco a poco fue creciendo, cubriéndola por completo.

No me asuste, pues pensé es un sueño, sin embargo la mancha oscura continuo creciendo, mientras observaba tranquilo desaparecer todo incluido mi cuerpo.

jueves, 9 de octubre de 2008

El Polo Sur


Faya (1989)


El Polo Sur, es un mundo frío y solitario, pero no creas que deshabitado. Hasta hace poco lo era para el hombre, y tan hermosa o más que ahora, era. En él, la vida es hermosa en todas sus formas, la naturaleza en sí, toda ella.

La nieve alba, tanto que ciega al hombre cuando los rayos del sol tocan sus paisajes fríos, desolados y por tanto hermosos, aunque silenciosos. Pero aún esto es falso pues, el viento hace presencia de que existe y al filtrarse entre las estructuras de roca y hielo, pareciera que existiera algún animal peligroso cerca, pero solo es el viento, y los temores de uno que crean tal algarabía.

La soledad es la única compañera en ese momento y con ella hay que entablar un cauto diálogo pues, puede ser que se ofusque y cree en la persona un estado de sosobra, de desilusión que lo lleve a la muerte.

El frío es el enemigo común, hay que luchar contra él, y para ello uno recuerda los momentos de dicha de su vida, en mi caso solo te recordaría.


martes, 7 de octubre de 2008

Oscuridad


Llegaba una luz difusa, casi nada, podría decirse que todavía estábamos a oscuras pero, era luz después de todo, preferible ello que nada. Todos estábamos arrinconados en aquel lugar, esperando que llegara ese momento, mientras tanto la luz parecía querer difuminar las tinieblas a nuestro alrededor sin llegar a lograrlo.

Éramos cinco humanos que tan solo esperábamos que el terror, el pánico llenara nuestras almas, pues la cobardía ya había llegado a ellas, es por ello que estaban ocultos allí, mientras reteníamos la respiración para que nadie nos oyera, todos teníamos miedo, por ello no sabíamos que hacer.

La luz aumentaba en intensidad, pero aún así, las oscuras sombras de los múltiples ídolos que albergaban la gigantesca sala, dejaban el lugar en una tétrica y mística escena. La luz no podía vencer aquel lugar gobernado por esa fuerza oculta y extraña que nos permitía seguir vivos, ella era la oscuridad.

Por ahora dábamos gracias, a esta extraña fuerza.

¿QUE ERA Y QUE FUI?


Faia (1987)

Desperté de pronto y supe en ese entonces que no me encontraba en mi mundo, en el cual había vivido, en donde la noche anterior me dormí.

Era un lugar totalmente diferente, allí habían plantas, pero no como las que conocía, eran más bien como troncos sin raíz y sin hojas, eran todo ello a la vez, se encontraban flotando en una especie de vapor, que al parecer ellas mismas generaban. La fragancia que despedían era nueva para mi olfato, no repelía pero tampoco era un aroma extraordinario.

Al tratar de cogerlas esta huían de mí, trocando sus colores y luminosidad a un oscuro total, en una forma paulatina así que puede ver más de una cerca de las paredes de aquel lugar. ¿Por qué creía que eran plantas?, pues tan solo lo sabía, era algo así como saber que estaba despierto, o como decir a una persona en la Tierra, si estaba en la Tierra. Era obvio lo sabía, eso bastaba para ese momento.

Lo importante era saber que hacía yo en ese lugar, yo no era de allí, ¿o sí?, me sobresaltó esa idea, no quería ver mi cuerpo, ni tocarlo, aunque me acordaba haber visto mi mano derecha cuando traté de alcanzar la planta - era normal - eso me tranquilizo. Estaba oscuro, intenté pararme y sentí como si todo al mi alrededor cambiara, el sentido del abajo - arriba cambió hasta tener lo que era el piso en el cual estaba echado, a mis pies. Ahora estaba de pie, pero yo no me había movido. Era algo fantástico, pensando en ello comencé a caminar, luego tenía pies o algo parecido. Sentí que me observaban, no, era algo distinto, diferente. Choqué de pronto con una pared, iluminándose esta paulatinamente.

Grité y grité, pero solo el sonido estaba en mi mente, allí en frente mío estaba la figura de un ser horrendo, espantoso, pero ese ser era mi figura reflejada en un espejo, pues comprendí que era yo aquel ser o lo que fuera.

Yo era de allí, de ese mundo, de mi extraño mundo, miré mis manos, una de ellas, la humana trataba de encontrar algo que pareciera una boca, no, no existía era una fisura, como un hoyo, de color azul verde, mis pies, ¿mis pies?, era necesario compararme con la figura humana ahora, ya no era necesario.

La luz se volvió azul, reflejando la estructura de mi cerebro, que la cubría una piel traslúcida, y a un ser diminuto en mi hombro, un ser de formas cónicas, que abría telepáticamente los cierres mentales de mi cerebro, y ... comprendí que era y que fui...

- Sí hermano, estuve con ellos, eran unos seres belicosos en extremo sumo, aunque existían algunos que buscaban la paz del espíritu, pero tenían que defenderse de sus congéneres, y de su medio, ¿del medio en el cual vivían), de su mundo, un mundo extremadamente mutable, quizás esa era la causa de sus horrible forma. El núcleo interno de ese mundo todavía emite energía negativa, no es necesario que ayudemos a esa pobre raza, a ese pequeño mundo dislocado.

- ¿Qué crees que pasó para que fuera tan extraño?
- Quizá alguno de los originales no rompió las estructuras primarias de vida en sus experimentos fallidos.
- Posiblemente, pero ¿tenemos el derecho de cambiar algo que ya se hizo?, creo que debemos dejar que sigan su existencia.
- Bien, sea tu opinión la acción a tomar.

jueves, 2 de octubre de 2008

El señor y su baston

Faia (1987)

Aún recuerdo aquella noche, en la cual escuchara aquel monótono sonido, era algo así como un TAC y silencio, otro TAC y silencio, acentuándose con el tiempo, acallando la bulla de algunas aves nocturnas. De pronto, en la esquina de aquel parque un hombre de edad avanzada de lento caminar, pudo ser apreciado.

Los faroles del parque iluminaban pobremente la empedrada vereda, por la que el caminaba, sus pasos eran firmes pero aún así aquel hombre se ayudaba de un bastón, y de nuevo aquel sonido.

Vestía a la usanza antigua, un terno de fino corte ingles con chaleco, del que pendía una brillante cadena, y en la solapa una banca flor, un crisantemo, supongo que sus cuantiosos pétalos podrían representar la edad de aquel hombre. Su sombrero era gris de los usados a principios de siglo, con bordes blancos que se confundían con sus canos cabellos.

Su rostro mostraba algunas arrugas propias de la edad, pero marcaban su faz como bordes cincelados en roca, eran severas aquellas facciones, pero sus ojos,... sus ojos brillaban con el ardor de la juventud, recordando tal vez años pasados en su paseo. Y aquel sonido llamó al silencio.

Se detuvo cerca de una pétrea banca, donde se quedó observándola por largo rato. Levantó su bastón y recordó, no sé qué recordaría, pero una lágrima brotó de aquellos ojos, solo una, y el señor continuó su camino,... llamando el silencio al sonido. Ahora su andar era lento.

Era un bastón de punta metálica, gastada por el uso pero útil aún, era el alma del sonido, su cuerpo era de tallado ébano y el mango de blanco marfil, pocos bastones he visto pero aquel era único, y único era su sonido.

La luna iluminaba el camino que los faroles no podían alumbrar. La luz, permitía ver las formas talladas del bastón, formándose caprichosas sombras al abrigo de la noche y las solitarias nubes que caminaban en el cielo... y de nuevo aquel sonido. Pude apreciar la talla, según creo eran caballos, no, no,... era una calesa tirada por ellos y, ¿personas o sombras? sí, solo sombras, pues con la ayuda de la penumbra creada por los árboles de aquel parque el Señor y su Bastón desaparecían. Si bien el Señor caminaba lento, como si temiera dejar atrás sus recuerdos, caminaba y se alejaba.

En el silencio de la noche y la luna en lo alto, un sonido rompió el silencio, un TAC y silencio, un TAC y silencio,...
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Lucha Interna

Faya, 1987


Lidiaba una constante lucha contra si mismo, era la única manera de mantenerse vivo, aquel lugar era tan silencioso, tan solitario, que su sola presencia rompía la monotonía del paisaje. Era imposible hablar, los sonidos no se transmitían en tan breve atmósfera. No existía frío ni calor, pues cualquier cambio por insignificante que fuera rompería ese equilibrio casi constante que existía. Una mirada triste recorría el lugar que antaño el y unos amigos habían estado. Nada, tan solo una extensión infinita de nada, describirla era tratar de explicar con palabras toda aquella soledad en la cual se encontraba inmerso. Su boca se movió pero ningún sonido emergió, tan solo una ligera nube, un vapor insignificante que producía su interior, que poco a poco se fue extinguiendo en aquel cielo de luz tenue, una luz que huía de todo aquel mundo. Pero fue un cambió, aunque duró una infinitésima de segundo.

¿Qué había pasado?, ¿acaso una guerra?, o ¿Era ese su mundo?. Tratar de decir que no era su mundo era ignorar que ese era su sol, que aquella piedra fría en el cielo era su único satélite, que aquel sistema tenía diez planetas, en fin que él se había equivocado. Podía ser, pero era imposible. La otra explicación era la guerra, pero ¿qué tipo de guerra no dejaba rastros de nada?, ¿qué armas extinguieron todo?, ¿qué clase de seres produjeron esto?.

La soledad comenzaba a afectarlo, cubriose el rostro como si existiera alguien en el horizonte que pudiera ver su dolor, su desesperación. Fue un simple acto que trataba de romper esa bastedad de no cambio pero, no lo logró. El tiempo olvidaría todos aquellos actos, su simple existencia que ya por sí era ilógica, - sí, todo sería olvidado por un tiempo que no tendría medida -.

¿Para qué caminar? Acaso debía seguir el mismo principio que permitió a aquel mundo sobrevivir aún en aquel estado de soledad. ¿Mantenerse estático, y dejar que el tiempo o lo que fuera hiciera el resto?, ¡no!, ¡eso no!, él era un ser inteligente, debía hacer algo, y lo hizo.

Comenzó a buscar en sus recuerdos, en todo su ser una manera para mantenerse vivo en aquel lugar, y la encontró, no era fácil, pues realizó algo totalmente diferente a todo lo que hizo antes para sobrevivir.

No existía otra manera de mantenerse consiente, si no era refutarse asimismo, la antítesis de la lucha del ser vivo con el ser espiritual, era la única manera. Pues buscar que aquellas piedras hablaran era imposible, buscar rastros de vida igualmente. Y el porqué de todo ello, por la insensatez de sus propios habitantes, tan solo por eso.

Lucho contra si mismo, con su existencia y marco la diferencia, al menos hasta que su muerte llegara, luego ese mundo seguiría su camino hacia fuera de la galaxia, perdiéndose del rastro cósmico, y de los anales de la humanidad que albergara. Ya no quedaba nada, solo el tiempo que no tenía medida.
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