Faya, 1987 Lidiaba una constante lucha contra si mismo, era la única manera de mantenerse vivo, aquel lugar era tan silencioso, tan solitario, que su sola presencia rompía la monotonía del paisaje. Era imposible hablar, los sonidos no se transmitían en tan breve atmósfera. No existía frío ni calor, pues cualquier cambio por insignificante que fuera rompería ese equilibrio casi constante que existía. Una mirada triste recorría el lugar que antaño el y unos amigos habían estado. Nada, tan solo una extensión infinita de nada, describirla era tratar de explicar con palabras toda aquella soledad en la cual se encontraba inmerso. Su boca se movió pero ningún sonido emergió, tan solo una ligera nube, un vapor insignificante que producía su interior, que poco a poco se fue extinguiendo en aquel cielo de luz tenue, una luz que huía de todo aquel mundo. Pero fue un cambió, aunque duró una infinitésima de segundo.
¿Qué había pasado?, ¿acaso una guerra?, o ¿Era ese su mundo?. Tratar de decir que no era su mundo era ignorar que ese era su sol, que aquella piedra fría en el cielo era su único satélite, que aquel sistema tenía diez planetas, en fin que él se había equivocado. Podía ser, pero era imposible. La otra explicación era la guerra, pero ¿qué tipo de guerra no dejaba rastros de nada?, ¿qué armas extinguieron todo?, ¿qué clase de seres produjeron esto?.
La soledad comenzaba a afectarlo, cubriose el rostro como si existiera alguien en el horizonte que pudiera ver su dolor, su desesperación. Fue un simple acto que trataba de romper esa bastedad de no cambio pero, no lo logró. El tiempo olvidaría todos aquellos actos, su simple existencia que ya por sí era ilógica, - sí, todo sería olvidado por un tiempo que no tendría medida -.
¿Para qué caminar? Acaso debía seguir el mismo principio que permitió a aquel mundo sobrevivir aún en aquel estado de soledad. ¿Mantenerse estático, y dejar que el tiempo o lo que fuera hiciera el resto?, ¡no!, ¡eso no!, él era un ser inteligente, debía hacer algo, y lo hizo.
Comenzó a buscar en sus recuerdos, en todo su ser una manera para mantenerse vivo en aquel lugar, y la encontró, no era fácil, pues realizó algo totalmente diferente a todo lo que hizo antes para sobrevivir.
No existía otra manera de mantenerse consiente, si no era refutarse asimismo, la antítesis de la lucha del ser vivo con el ser espiritual, era la única manera. Pues buscar que aquellas piedras hablaran era imposible, buscar rastros de vida igualmente. Y el porqué de todo ello, por la insensatez de sus propios habitantes, tan solo por eso.
Lucho contra si mismo, con su existencia y marco la diferencia, al menos hasta que su muerte llegara, luego ese mundo seguiría su camino hacia fuera de la galaxia, perdiéndose del rastro cósmico, y de los anales de la humanidad que albergara. Ya no quedaba nada, solo el tiempo que no tenía medida.
¿Qué había pasado?, ¿acaso una guerra?, o ¿Era ese su mundo?. Tratar de decir que no era su mundo era ignorar que ese era su sol, que aquella piedra fría en el cielo era su único satélite, que aquel sistema tenía diez planetas, en fin que él se había equivocado. Podía ser, pero era imposible. La otra explicación era la guerra, pero ¿qué tipo de guerra no dejaba rastros de nada?, ¿qué armas extinguieron todo?, ¿qué clase de seres produjeron esto?.
La soledad comenzaba a afectarlo, cubriose el rostro como si existiera alguien en el horizonte que pudiera ver su dolor, su desesperación. Fue un simple acto que trataba de romper esa bastedad de no cambio pero, no lo logró. El tiempo olvidaría todos aquellos actos, su simple existencia que ya por sí era ilógica, - sí, todo sería olvidado por un tiempo que no tendría medida -.
¿Para qué caminar? Acaso debía seguir el mismo principio que permitió a aquel mundo sobrevivir aún en aquel estado de soledad. ¿Mantenerse estático, y dejar que el tiempo o lo que fuera hiciera el resto?, ¡no!, ¡eso no!, él era un ser inteligente, debía hacer algo, y lo hizo.
Comenzó a buscar en sus recuerdos, en todo su ser una manera para mantenerse vivo en aquel lugar, y la encontró, no era fácil, pues realizó algo totalmente diferente a todo lo que hizo antes para sobrevivir.
No existía otra manera de mantenerse consiente, si no era refutarse asimismo, la antítesis de la lucha del ser vivo con el ser espiritual, era la única manera. Pues buscar que aquellas piedras hablaran era imposible, buscar rastros de vida igualmente. Y el porqué de todo ello, por la insensatez de sus propios habitantes, tan solo por eso.
Lucho contra si mismo, con su existencia y marco la diferencia, al menos hasta que su muerte llegara, luego ese mundo seguiría su camino hacia fuera de la galaxia, perdiéndose del rastro cósmico, y de los anales de la humanidad que albergara. Ya no quedaba nada, solo el tiempo que no tenía medida.
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